Marcas

Neem: Religión y esoterismo antiguo

 

En su conferencia “El caduceo indo-mediterráneo y la adoración del árbol, la serpiente y la Madre-diosa en el sur de la India”, presentada en mayo de 2008 en el College of Charleston por la Asociación para el estudio del esoterismo, la religión y la naturaleza, la doctora Patrizia Granziera nos guía por el universo lleno de íconos, altares y rituales de la cultura hindú, remontándonos a las primeras representaciones del árbol del Neem.

“Existen dos árboles sagrados que se distinguen en los grabados de sellos cilíndricos del sur de la India del tercer milenio a.C.: el pipal y el Neem”, explica la doctora Granziera.

 

“En los pueblos del sur de la India sobrevive un linaje directo al pasado ancestral. La relación entre árbol y mujer prevalece y se observa a las mujeres infértiles rezando frente a un árbol sagrado, ya sea un pipal o un Neem, de cuya rama cuelga una cuna de juguete (tottil) o una piedra dentro de un pedazo de tela (tuuli) simbolizando un feto”, continúa.

“El sur de la India está habitado por aborígenes no arios llamados dravidianos. Cuando los invasores arios llegaron al país, se sometieron y se asimilaron a esta raza. Mientras que en el panteón hindú son las deidades masculinas las que predominan y las femeninas ocupan una posición subordinada, en el culto dravidiano la diosa virgen es la más adorada. Una de ellas es Mariyamman, la diosa de la viruela. Ella tiene el poder tanto de infligir como de curar las epidemias y desastres y es idolatrada por hindús, musulmanes y cristianos por igual”, agrega Granziera.


Sacrificio y esencia

Según su investigación, a Mariyamman se la asocia con el árbol del Neem, identificado en los grabados de los sellos cilíndricos excavados en el valle de Indus. Cuando en esta región no se encuentra un templo dedicado a Mariyamman, se hace un ritual ante un árbol de Neem en el cual se supone que habita esta deidad. Las hojas de neem curan enfermedades de la piel, viruela y sarampión. Se muelen hasta formar una pasta y se untan en el cuerpo. Se recomiendan baños en infusiones con sus hojas. También se colocan en el piso del cuarto, especialmente bajo la cama de la persona enferma y se cuelgan en la puerta para anunciar la presencia de Mariyamman en la casa.

Los rituales de las tribus dravidianas incluyen que una mujer se case con un árbol sagrado, de manera que el espíritu ancestral del árbol penetra a la doncella y vuelve a entrar en la tierra cuando ella concibe.

Granziera apunta que los árboles, al igual que la madre-diosa, son considerados la unión de los opuestos: por un lado exigen el sacrificio de la vida y por el otro son la esencia de la vida misma. No sólo se casan con las doncellas sino unos con otros, y cuando se encuentran dos árboles entrelazados como si se hubiesen unido en matrimonio son vistos con asombro.

Granziera describe cómo en el centro de muchos pueblos, dos árboles —el pipal (Ficus religiosa) y el neem (Azadirachta indica)— se plantan uno junto al otro y bajo éstos se colocan relieves de serpientes entrelazadas llamadas Nagakals, que forman una imagen semejante al caduceo o bastón alado de Hermes/Mercurio, símbolo de la profesión médica.

La asociación pipal-neem-caduceus es exclusiva de los dravidianos y existen más árboles sagrados con Nagakales que templos en el sur de la India, dice, en donde se encuentran aún símbolos que pertenecen al mundo indo-mediterráneo antiguo. “La asociación del árbol y la serpiente parece haberse originado durante la era de la civilización del valle del Indus”, explica la doctora. “Un sello Mohenjo-daro de 3 mil años a.C. representa un árbol de pipal estilizado con dos dragones o serpientes cuyas cabezas están en oposición simétrica exactamente como la parte superior de un caduceo, recordándonos a las imágenes dravidianas.

“De la misma manera que lo hace la diosa”, continúa Granziera, “se piensa que las serpientes curan enfermedades. Las mujeres que quieren embarazarse o la gente que quiere curarse de enfermedades como la lepra o la ceguera idolatran las figuras de serpientes o nagakales que se erigen sobre nidos de hormigas o termitas —también considerados sagrados— que se encuentran bajo los árboles de neem o pipal”.

Hoy en día, al árbol de Neem se le atribuye la facultad de alejar las malas energías y atraer la buena suerte, y forma parte de ceremonias religiosas y funerales.

La materia médica ayurvédica, el reporte “Indigenous drugs of Madras”, y “El Yoga de las Hierbas” del renombrado doctor hindú Vasant, le atribuyen al neem las propiedades necesarias para curar un gran número de dolencias, además de ser uno de los purificadores y desintoxicadores de la sangre de mayor alcance.

“Todo el árbol de Neem es medicina: las hojas, la corteza, el fruto, la flor, las semillas, las raíces y hasta su sombra tienen efectos reparadores además de la frescura y agradable aroma que brinda”, afirma Vasant, “aunque su sabor es muy amargo si se ingiere como té”.

El Neem purifica igualmente el aire, liberando oxígeno y manteniendo un equilibrio atmosférico, ayuda a mantener la fertilidad de las tierras y produce un bioinsecticida que actúa como una cortisona repelente de insectos.

Erradica alacranes, la mosca de las frutas, moscos, zancudos, hormigas, piojos, grillos, escarabajos del haba y el pepino, la langosta, las pulgas, las garrapatas, los comejenes, los ácaros de las almohadas, etc. sin afectar a los insectos buenos como las abejas, mariposas, avispas, y ciertas arañas.

Se considera al Neem como uno de los árboles más prometedores del siglo XXI por su gran potencial medicinal ya que es reconocido en la prevención y tratamiento de: diabetes, cáncer, malaria, sida, epilepsia, reumatismo, artritis, úlceras gástricas, colitis, hepatitis, parasitosis, insomnio, estreñimiento, hemorroides, diverticulitis.

Regula la presión arterial y el ritmo cardiaco, reduce el colesterol, refuerza y potencializa el sistema inmunológico mejorando el funcionamiento de todos los órganos vitales de manera que acelera la curación de todas las enfermedades de tipo crónico degenerativo, del corazón, desórdenes sanguíneos, digestivos y nerviosos.

No debe ser ingerido por niños menores de 12 años ni por mujeres que deseen concebir un hijo o ya estén embarazadas o lactando, ya que tiene propiedades anticonceptivas.